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Datos de Eurostat

El salario mínimo ha subido un 18% en Europa desde 2016

CEOE

España, líder en paro, también eleva el salario mínimo mucho más que el promedio. ...

El salario mínimo aprobado de forma obligatoria por decisión política sigue siendo la regla básica que decreta el coste laboral de partida en distintos países miembros de la Unión Europea. En Dinamarca, Italia, Chipre, Austria, Finlandia o Suecia opera otro tipo de mecanismos reguladores - esencialmente, acuerdos empresariales que delegan este tipo de decisiones a los acuerdos sectoriales negociados por las centrales de empresas y de trabajadores. Sin embargo, el resto de socios comunitarios decreta el salario mínimo de manera centralizada, forzando necesariamente su aceptación para el conjunto de la economía.

Así las cosas, es importante estudiar cómo ha evolucionado este indicador durante los últimos años, puesto que la crisis económica provocada por el covid-19 volverá a poner a prueba la capacidad de los sistemas laborales del Viejo Continente de crear empleo con rapidez. ¿Hasta qué punto han sido responsables las subidas del salario mínimo decretadas en los últimos años? ¿Se trata de aumentos económicamente sostenibles o que, por el contrario, generan bolsas crecientes de exclusión laboral, ligadas al encarecimiento de la contratación básica?

Si tomamos como referencia los datos que ofrece Eurostat vemos que hay una gran dispersión entre los países que mantienen un salario mínimo, puesto que en Luxemburgo llega a ser de 2.142 euros repartidos en doce pagas mensuales y en Bulgaria apenas alcanza los 312 euros bajo la misma modalidad de cálculo. Por lo tanto, estos datos debemos ajustarlos al salario medio, para entender mejor el peso de estos distintos umbrales referidos al coste básico de contratación. Haciendo este ejercicio, observamos que el salario mínimo luxemburgués se acerca al 40% del salario medio, mientras que el búlgaro es inferior al 25%. Así las cosas, la incidencia de este indicador es mucho más acusada en el pequeño ducado que en la antigua república soviética. ¿Y qué ocurre con la tasa de paro? En Luxemburgo asciende al 5,4%, mientras que en Bulgaria asciende al 4,3%. Por lo tanto, no parece que la estructura productiva de uno u otro país hayan sufrido en exceso por la introducción del salario mínimo, más allá de que, evidentemente, la imposición generalizada de un coste básico de contratación sí tiene un efecto expulsión sobre ciertos trabajadores, especialmente los menos cualificados o de menor experiencia laboral.

Pero, ¿qué hay de otros países que sufren el paro de forma más acusada? Si repasamos las estadísticas referidas a la tasa de desempleo, encontramos que dos socios europeos se llevan la palma: se trata de España y Grecia, donde el porcentaje de profesionales sin trabajo asciende, respectivamente, al 16% y al 17%, según datos de Eurostat para finales de 2020. ¿Qué sucede con el SMI en estas dos economías? En el caso de España, resulta llamativo que el coste laboral básico haya sido elevado de forma significativa, pasando de 764 a 1.108 euros repartidos en doce pagas entre los años 2016 y 2020. Tras un primer salto entre 2016 y 2017 que elevó dicho umbral a los 825 euros y un segundo aumento más tímido que dejó dicha rúbrica en 859 euros a lo largo de 2018, el 2019 vino de la mano de un fortísimo aumento hasta los 1.050 euros, mientras que en 2020 se produjo una subida más, alcanzándose los citados 1.109 euros. En cuanto a Grecia, este umbral se quedó “congelado” en 684 euros desde 2016 hasta la segunda mitad de 2019, cuando saltó hasta los 758 euros.

Evidentemente, el hecho de que estos países tengan un paro mucho mayor al promedio europeo hace que resulta especialmente problemática la aplicación de un salario mínimo cada vez más fuerte. Frente a un paro medio del 6% en los países con un SMI más elevado, en España se registran diez puntos más, con un desempleo del 16%, mientras que en Grecia la brecha es de once puntos, hasta llegar al 17%.

Durante los últimos cinco años, la brecha entre el salario mínimo medio de la UE y el coste laboral básico vigente en España ha pasado de 152 a 379 euros. El crecimiento de este indicador ha sido del 18% en el conjunto de la Unión, pero ha superado el 45% en el caso del país ibérico. Grecia, en cambio, ha moderado este saldo diferencial, desde 71 hasta 29 euros, puesto que su aumento ha sido más tímido que el observado en las demás economías del Viejo Continente (un repunte del 11%).

Será interesante comprobar qué sucede con los indicadores laborales de ambas economías pero, de momento, lo que parece seguro es que el comportamiento tan desfavorable observado en sus estadísticas de empleo tiene algo que ver con la imposición de salarios mínimos cada vez más elevados y exigentes, cuyo efecto último es reducir la empleabilidad de los trabajadores con menor preparación y bagaje.

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