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Origen de la Unión Europea

La Navidad, germen de la civilización occidental

Desde ciertos espacios ideológicos intentan, año tras año, derrumbar una de nuestras tradiciones más sólidas, la Navidad. Una festividad que representa, entre otros aspectos, el cristianismo, la familia y la tradición europea...

Solemos escuchar que Europa existe tras el proceso de creación de la Unión tras la Segunda Guerra Mundial. Lo leemos en los libros y nos lo dicen en la televisión. Intentan convencernos de que la paz y la prosperidad existen en nuestro continente a raíz de la creación de las Comunidades Europeas. Nada más lejos de la realidad. Antes del proyecto común, Europa ya era una zona de valores y libertades, un conjunto de países que comerciaban y rivalizaban. La amenaza siempre había sido la misma, las ambiciones expansionistas de algunos movimientos políticos. 

Debemos dedicar unos minutos a pensar de dónde viene la creación de Europa y de la Unión. ¿Tenemos que creernos el mito griego del rapto de Europa? El toro Zeus robando a la bella Europa y apartándola de Asia, una imagen que siempre está presente en las recepciones solemnes de la propia Unión Europea. ¿O debemos considerar el sueño romano de un imperio regido desde una ciudad? Los orígenes podían ser muchos, las especulaciones incluso muchas más, pero parece relevante mencionar a la cristiandad como origen de nuestra manera de vivir. Una civilización cristiana universal que impregnó todos los rincones no solo de nuestra Europa, sino de nuestro planeta.

Es en este contexto donde cobra sentido hablar de la Navidad como origen de Europa y de la Unión. La Navidad es el momento en el que un niño nació para enseñarnos unos valores que perduran hasta nuestros días y que, en todos y cada uno de los países de la Unión, siguen sirviendo como hoja de ruta para nuestros comportamientos. De la misma manera en la que hace 2020 años nació ese niño en Belén, Europa fue naciendo de las ilusiones sembradas por ese mismo niño. Una defensa de la vida y de la familia sin comparación, y todo ello sumado a la necesidad de portarnos bien con el prójimo. La Navidad es la única gran celebración que la civilización occidental tiene en común, lo que la convierte en objeto a batir por aquellos que tratan de acabar con nuestros valores.

Así como Europa se construyó bajo las enseñanzas de cristo, la Unión Europea no podía ser de otra manera. Los propios padres fundadores se esforzaron en crear la nueva alianza con base en nuestros valores y tradiciones, a partir de unas ideas que habían ayudado a Europa a superar las guerras pasadas y que habían demostrado tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial que todos teníamos algo en común, la Navidad. 

Gracias a algún que otro anuncio de televisión nos acordamos de los milagros navideños que ocurrían en el frente durante las guerras, esos milagros que ayudaban a poner en pausa el odio que dos países tenían para celebrar con alegría el nacimiento de Cristo; la Navidad. Es precisamente ahí, en ese nacimiento, donde la Unión recoge su razón de ser, su deseo de volver a descubrir lo que nos une a todos los europeos. Unos valores, unas tradiciones, unas costumbres y unos lazos que, aunque muchos intenten deshacer, se llevan pasando de padres a hijos desde hace más de dos mil años. 

La Navidad es mucho más que la natividad de Cristo, es el nacimiento de una civilización que a lo largo de los años se ha mostrado de muchas maneras. La última ha sido en forma de unión y, siempre que la civilización defienda estos principios, seguirá avanzando.