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Estudio de John P. A. Ionnidis

La tasa de letalidad del covid-19, a partir de los datos de seroprevalencia

Stanford

El académico de Stanford ha recalculado la letalidad del coronavirus empleando las cifras reales de contagiados que ofrecen los estudios de seroprevalencia. ...

John P. A. Ionnidis, profesor de Medicina en la Universidad de Stanford, ha publicado un interesante estudio en el que se ha propuesto estimar la tasa de letalidad derivada de las infecciones por covid-19. Si hacemos caso a las estadísticas oficiales que presentan la mayoría de países, las cifras serían muy abultadas y justificarían un mayor grado de alarma, con las consecuentes restricciones socioeconómicas. Sin embargo, un planteamiento así encierra importantes sesgos, puesto que el potencial de diagnóstico de casos es inherentemente limitado en una enfermedad de rápida y fácil propagación en la que, además, en torno al 80% de los infectados nunca llega a desarrollar síntomas.

Para entenderlo mejor, fijémonos en los datos de España. El país ibérico es uno de los que peor ha enfrentado la pandemia, como acredita su elevadísimo exceso de mortalidad. Pues bien, en lo referido a la capacidad de diagnóstico, la cifra real de infectados observada en la primera ola de contagios fue diez veces más alta que la cifra oficial de positivos comunicados por las autoridades. ¿Cómo sabemos esto? La clave está en los estudios de seroprevalencia, que permiten medir la presencia de anticuerpos y ayudan a conocer mejor cuánta gente se ha infectado realmente.

Si por cada positivo registrado por las autoridades se dieron al menos otros nueve que no llegaron a trascender, parece evidente que no tiene sentido fijarse en la tasa de letalidad oficial, puesto que dicha estadística está sesgada al alza por la dificultad de diagnóstico y rastreo de una enfermedad como la que se deriva del nuevo coronavirus. Por eso tiene sentido hacer lo que ha hecho John P. A. Ionnidis, quien se ha propuesto recalcular la tasa de letalidad del covid-19, pero a partir de los datos de contagiados  que arrojan los datos de seroprevalencia. Si metodología ya ha sido incluso avalada por la Organización Mundial de la Salud,  que ha compartido los hallazgos de sus investigaciones en su página web y sus boletines informativos.

Así describe Ionnidis el trabajo realizado:

“Se buscaron los estudios de seroprevalencia de la covid-19 con un tamaño de muestra mayor o igual a 500 a partir del 9 de septiembre de 2020 en PubMed y en los servidores de pre-impresión. Además, se recuperaron los resultados adicionales de los estudios nacionales a partir de los comunicados de prensa y de los informes preliminares. Se evaluaron los estudios para determinar las características de diseño y las estimaciones de seroprevalencia. Para calcular la tasa de letalidad por la infección de cada estudio, se dividió la cantidad acumulada de muertes por covid-19 por la cantidad de personas que se estima que están infectadas en cada región. Asimismo, se corrigió la cantidad de tipos de anticuerpos probados (inmunoglobulinas, IgG, IgM, IgA)”

En su descripción de los resultados, Ionnidis apunta lo siguiente:

“Se incluyeron 61 estudios (74 estimaciones) y 8 estimaciones nacionales preliminares. Las estimaciones de seroprevalencia oscilaban entre el 0,02% y el 53,40%. Las tasas de letalidad por la infección oscilaron entre el 0,00% y el 1,63%, los valores corregidos entre el 0,00% y el 1,54%. En 51 lugares, la mediana de la tasa de letalidad por la infección de covid-19 fue del 0,27% (corregida en un 0,23%): la tasa fue del 0,09% en lugares donde las tasas de letalidad de la población del covid-19 eran inferiores al promedio mundial (menos de 118 muertes/millón), del 0,20% en lugares con 118-500 muertes a causa de covid-19 por millón de personas, y del 0,57% en lugares con más de 500 muertes a causa de covid-19 por millón de personas. En personas menores de 70 años, las tasas de letalidad por la infección oscilaron entre el 0,00% y el 0,31% con medianas brutas y corregidas del 0,05%”

La tasa de letalidad por infección observada presenta variaciones sustanciales que, según el autor, “reflejan diferencias en la estructura de edad de la población o en la variedad de casos de los pacientes infectados y fallecidos, así como en otros factores”. Por otro lado, Ionnidis concluye que “las tasas de letalidad por infección que se calculan a partir de esta metodología tienden a ser mucho más bajas que las estimaciones realizadas a principios de la pandemia”.

Es fundamental, por lo tanto, cambiar la conversación sobre la letalidad del covid-19 y plantear esta discusión en relación con las infecciones reales y no con las oficiales. Cuando se observa una distancia tan  grande entre las cifras de positivos que presentan las  autoridades y los datos que revelan los estudios de seroprevalencia, no tiene sentido sostener un relato que, por mucho que haya sido aceptado hasta ahora, no deja de ser falso y de trasladar una noción de letalidad  muy superior a la observada de forma efectiva.